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La paciencia del relojero es infinita.
Cada diente de engranaje debe encajar con la contigua rueda, en un mecanismo de innumerables piezas. Su meticulosidad es la del orfebre, la del poeta que pule interminablemente un verso. El relojero es el artista y viceversa. La paciencia de Lorenzo Goñi es infinita... |
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| El relojero, 1970 | ||
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Los sabios intentaron medir la hondura del abismo, la longitud de los solares rayos y el estallido del campo en primavera. Pero el mundo se salió de su probeta...
Consumidos eruditos, trazando fórmulas abstrusas al pie del campanario... ¡Añoranza de un cuerpo femenino...! Detrás de la regla y el compás, entre los números, brotando de la solemne recta, la mujer... |
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| Sin título, 1977 | ||
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Lorenzo Goñi intelectualiza los andares femeninos, una preocupación de los hombres desde antiguo.
La mujer camina sobre pedestal de gatos -sus cómplices secretos-, de los que obtiene su música serena y su armonía. Por eso pisan las mujeres como pisan... Quien al fondo abre la puerta quiere saber... ¡Es natural...! Es muy probable que se quede ayuno... |
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| La pelvis mecácnica, 1981 | ||