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Siempre el artista se ocupó de la mujer. Lorenzo Goñi evoca su misterio a través de la serenidad de su envoltura. La mujer, dice el artista, es naturaleza inconsciente y primordial, tierra feraz. Oro alquímico, subterráneo manantial que embebe las raíces...
Como botín de guerra, esclaviza a su opresor, pues conserva el desparpajo con que nos expulsó del Paraíso... Nada se hizo jamás sin la mujer. Es la dueña de la maravilla y el desastre. Cruel, atrae a los hombres al abismo. |
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| Desnudos, 1960 | ||
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Fue la mujer quien domesticó a los animales. Ella los conoce por su nombre. ¡Sublime interrogante de la mujer y los caballos!
Goñi resalta la tensión con impecables blancos, símbolo de la pureza aterradora de la Diosa Blanca que veneró el Mediterráneo. Imposible ir más allá, tanto en el tema como en su ejecución soberbia. ¡Espléndido apunte de manos del artista! |
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| Mujer con caballos, 1963 | ||
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¿Qué busca en los muelles el rufián? Los sueños que le sostuvieron en el mar se trasmutan en una hetaira frágil cuya "pelvis mecánica" -la expresión es de Goñi- gira sus dentadas ruedas al sonido de monedas.
¡Más esperanzador el comienzo que el final del viaje! Nunca se recala en un buen puerto. ¿Será que se equivocó el rumbo en el océano? Pero pronto volveremos a embarcarnos... El deseo es un lobo solitario. |
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| Puerto, 1974 | ||