Los años de la guerra

Los años de la guerra. Lorenzo Goñi en L’Esquella de la Torratxa
Joan Manuel Soldevilla Albertí

L’Esquella de la Torratxa fue una de las revistas satíricas catalanas más importantes de la historia de la prensa peninsular; aparecida por primera vez en 1872, este semanario se mantuvo de forma casi ininterrumpida en el mercado hasta el 6 de enero de 1939, pocos días antes de que entrasen las tropas franquistas en Barcelona y se cerrase definitivamente una publicación excepcionalmente longeva. Durante los años de la guerra civil, Lorenzo Goñi tuvo una participación decisiva en sus páginas, publicando una serie de portadas, contraportadas e ilustraciones interiores de enorme talento gráfico e irreductible compromiso ideológico. En la actualidad se puede consultar la colección completa de L’Esquella de la Torratxa a través del portal Arca, - http://www.bnc.cat/digital/arca/index.php - donde se ha digitalizado el impresionante patrimonio que supone el conjunto de las revistas catalanas antiguas, especialmente de aquellas publicadas en el primer tercio del siglo XX.

La revista siempre tuvo un intenso contenido político siendo una de las plataformas del catalanismo progresista; a lo largo de los años, los matices de esta orientación ideológica fueron cambiando al calor de las transformaciones y avatares de la sociedad catalana y así, durante algunas décadas, la publicación estuvo ligada al federalismo republicano mientras que en otros momentos se alió con posturas afines al socialismo y al comunismo. El inicio de la guerra civil marco un punto de inflexión en su historia, sobre todo a partir de octubre de 1936, cuando L’Esquella pasó a a ser editada bajo el control del Sindicat de Dibuixants Professionals, adscrito a la UGT. Desde ese momento, la revista se convirtió en un altavoz de la causa republicana pero también en un reflejo de las contradicciones y luchas desarrolladas en su foro interno.

L’Esquella de la Torratxa combinaba ilustraciones y textos críticos y satíricos pero su contenido no era exclusivamente político, pues también tenían su espacio la crítica costumbrista, el humor blanco o las referencias al balompié, al cine, al teatro o a los toros. Sin duda era su componente gráfico, con frecuencia de una gran contundencia, uno de sus grandes reclamos. En el período de la guerra civil, al pasar a ser editado por el SDP, el trabajo de los ilustradores pasó a tener, aún más si cabe, un papel preponderante, convirtiéndose el semanario en una plataforma privilegiada para que una generación de dibujantes de gran talento mostrasen su maestría artística y su compromiso político. Allí confluyeron autores y estéticas muy dispares, desde artistas que desarrollaban una trayectoria paralela en el campo del cartelismo político –tan excepcional durante esos años-, como era el caso de Martí Bas, Tibas, Alloza o Subi, a dibujantes que luego desarrollaron una imponente trayectoria en el campo de la historieta –aquí sobresale la figura de Josep Escobar, el futuro padre de Carpanta y Zipi y Zape- pasando por una nómina de autores diversos que mostraron durante esos años las posibilidades del chiste gráfico o de la ilustración: Tisner y Kalders –nombres artísticos de Avel·lí Artís i Gener y Pere Calders, futuras figuras sobresalientes de las letras catalanas-, Nyerra, Fiel Field, Guasp o Bofarull, entre muchos otros artistas a reivindicar y recordar.

Lorenzo Goñi se incorporó a L’Esquella a partir del mes de octubre de 1936, cuando la revista pasó a ser controlada por el Sindicat de Dibuixants. En esos años Goñi también desarrolló una trayectoria paralela en el campo del cartelismo y sus trabajos para el semanario satírico se desarrollaron, básicamente, a través de dos líneas artísticas. Por un lado la ilustración que busca en su composición una contundencia gráfica que incida sobre el espectador –sería la línea vinculada a su trabajo en el campo de cartel político-, y por otro el dibujo de contenido satírico, el chiste contundente cargado de humor feroz que golpea al objeto de su burla, en la mayoría de los casos, los líderes e individuos del bando sublevado.

Su primera portada –Guanyarem!! (¡Ganaremos!) (i)- es publicada el 16 de octubre de 1936, en el primer número de la revista editado por el SDP y supone una declaración de principios ética y estética: el uso de los oscuros crea una contundente composición donde el bando republicano se ve como un colectivo unido, férreo, invencible, mirando hacia un futuro que se columbra luminoso y cargado de esplendor. Curiosamente, en este número se realiza una crónica de la Exposició de cartells antifeixistes organitzada pel Sindicat de Dibuixant Professionals donde, al valorar el trabajo de los artistas se indica: Dels dibuixants sindicats, hi ha destacats, enmig dels nous i ja coneguts valors del cartell, Gonyi (sic), un nou valor del Sindicat, el qual exhibeix un cartell sobri i alhora combatiu. (De los dibujantes sindicados, como destacados, en medio de los nuevos y ya conocidos valores del cartel, Gonyi, un nuevo valor del Sindicat quien exhibe un cartel sobrio y al mismo tiempo combativo). Estos valores, sobriedad y combate, los vamos a poder reseguir en muchas de sus portadas de los primeros meses de la guerra, que son precisamente aquellos donde la relación entre estas y el cartelismo político es más intensa. Así destaca La victòria serà nostra (La victoria será nuestra) (ii), del 20 de noviembre de 1936, o la excepcional portada del 11 de diciembre –El Front del treball a la reraguarda (El Frente del trabajo en la retaguardia) (iii)- y la sobrecogedora estampa navideña del 18 de diciembre de 1936 (iv). En las ilustraciones de esos meses, las portadas de L’Esquella son deudoras de la tradición del cartelismo soviético y de las innovaciones gráficas que diseñadores y dibujantes desarrollaron al calor de la renovación vanguardista de los años 20. No obstante ello, a medida que pasan los meses de la guerra, y sobre todo a partir del momento en que el cartelismo político sufre un notable desarrollo auspiciado por el poder, la revista irá abandonando esta orientación gráfica y reaparecerá lo que había sido más habitual durante las décadas anteriores: el chiste, la ilustración satírica que, con frecuencia acompañada de texto, satiriza y ridiculiza con saña y talento.

En este nuevo camino, Lorenzo Goñi va a destacar sobremanera y es donde quizás va a desarrollar su aportación más personal, sentando las bases de futuros trabajos suyos. Sus chistes publicados durante los años 1937 y 1938 son una verdadera revolución estética, de enorme complejidad pues parece sintetizar en sus propuestas la herencia evidente de Goya y de los planteamientos estéticos de Valle-Inclán a la hora de formular su esperpento –El sentido trágico de la vida española solo puede darse a través de una estética sistemáticamente deformada (v)- con la tradición vanguardista, especialmente expresionista y alemana procedente de la obra de Schiele y, sobre todo, Grosz. Todo ello, sin olvidar que se encuentra publicando en una revista satírica de enorme calado popular y que, por lo tanto, debe dominar los mecanismos comunicativos del chiste gráfico, labor en la que parece asumir con naturalidad la maestría de los dibujantes catalanes, tanto los de una generación anterior –Junceda, Cornet o Apa- como la de sus contemporáneos –Escobar o Tísner, entre muchos otros-. No fue Goñi el único artista que se movió en esta línea estética expresionista –sería oportuno destacar a autores como Bofarull, Alpresa o Alloza- pero sin duda fue el que más destacó en esta orientación gráfica.

En el año 2012 (vi), los medios de comunicación catalanes recuperaron un chiste de Goñi publicado en L’Esquellla en 5 de marzo de 1937 (vii) a tenor de la polémica generada por el objetivo explícito del ministro de educación, Ignacio Wert, de españolizar a los alumnos catalanes. En el chiste de Goñi, un gerifalte faccioso proclamaba, literalmente: Vamos a españolizar Cataluña!, con lo que la vigencia de la sátira resultaba palmaria. Este redescubrimiento anecdótico de la obra gráfica de Goñi en L’Esquella era tan solo la punta del iceberg de un conjunto de composiciones que, con frecuencia en la portada o contraportada, ofrecían una visión demoledora del bando enemigo. Está crítica siempre se servía a través de unas ilustraciones feístas, de corte claramente expresionista, a veces declaradamente esperpéntico, que utilizaban la deformación y la caricatura no solo como un elemento estético sino como un claro instrumento ético: solo a través de esa deformación se podía ver la verdadera identidad de aquellos que se habían levantado contra el gobierno legítimo de la República y querían imponer por las armas un orden político fascista y reaccionario. Destacar alguno de los chistes es tarea compleja dada su enorme calidad y su considerable presencia en la páginas de la revista –y para ello recomendamos una visita exhaustiva al portal Arca- pero, entre otras podríamos destacar la portada de 22 de octubre de 1937 (viii), donde se reduce a la categoría de fantoches manipulados por el fascismo internacional al Comité de no intervención, la atroz Retirada dels involuntaris (Retirada los involuntarios) (ix), publicada en la contra del 4 de febrero de 1938, la caricatura brutal de Franco publicada en la portada del 8 de julio de 1938 (x) o la demoledora contraportada de 19 de agosto de 1938 (xi), una de sus mejores composiciones, donde se muestra en una taberna degradada y purulenta a los integrantes del bando nacional y a sus aliados dando rienda suelta a sus bajas pasiones.

En años de conflicto y combate, el joven Goñi, que cuando empezó la guerra tenía 25 años, demostró un firme compromiso y una madurez artística admirables. Su trayectoria posterior se asentó en su trabajo en las páginas de L’Esquella de la Torratxa, donde mostró su versatilidad y su creatividad, su dominio de la técnica y su capacidad para mirar la realidad desde una perspectiva lúcida y crítica. Fueron años complejos, pero en ellos Goñi supo andar con pie firme y cimentar las bases de una carrera artística de enorme calado e influencia.

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