nº - 12
SIN TÍTULO, CA 1986 - Aguafuerte
y aguatinta 643X493 mm

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El
abanico de la maja es el redondel –oro y sombra– donde triunfa o
muere el torero cada tarde. Se emperifolla la dama, a su diestra el
tricornio de bigotes y flanqueada de público acezante, ávido de la
sangre que se verterá en la arena, con el cruel paisaje de España
eterna al fondo. El de la garrocha debilita el empuje del cornúpeta,
enjambre de músculos y huesos, mortífero y mecánico engranaje, que se
precipita como un huracán hacia el capote, buscando el vientre del
torero, que es un vientre inerme de recién nacido, con su cordón
umbilical aún palpitante. Relincha el caballo, intuyendo la muerte
sobre sus flancos, y múltiples ojos aterrados, desprendidos de su
complemento orgánico, convergen sobre el insólito espectáculo. ¡Ha
de haber una muerte y tiene que ser pronto! La mujer prefigura la agonía
y aquí, en este trance, es anuncio y solemne augurio de que habrá un títere
de luces tendido horizontal sobre la plaza. Relinchará el caballo,
eviscerado a través del peto protector, se sobrecogerá el entendido en
la barrera y reirá la maja de peineta, indiferente a un dolor sincero,
anónimo, el único en todo el graderío que prolongará sus lágrimas más
allá de la tarde colorista y trágica. La muerte se ceba en su víctima
entallada, graneada de piedras que son el reverso de los luceros que
salpicarán el firmamento por la noche, mientras el cadáver, con un
rictus de pudor y de inocencia, ve tremolar sobre su rostro la palidez
amarilla de las velas. La mujer de peineta es la tentación del
maletilla, que se creyó hombre al recibir la alternativa, cuando no era
más que la víctima inocente que necesita asesinar la muchedumbre. Ojos
y más ojos convergen en la fiesta, pero es indiferente para el dolor la
maja. Declina el sol a los pases del torero y va avanzando hacia el
oscuro la nítida frontera que divide en dos el círculo callado. En
seguida la noche cobrará su presa. ¡La noche empapada de la espesa
sangre, confundidas y mezcladas las del animal y el hombre! Es segura la
muerte de los dos. Rugen las gradas, señalando unánimes con el pulgar
la tierra. El torero se sabe condenado, pero es tarde para dar la media
vuelta. Es entonces cuando la fiesta, rito a la vez y sacrilegio, se
viste con sus mejores galas y el torero, animado de un espíritu pagano,
se ciñe al costado de la fiera y regala sus mejores pases a un público
que ha venido a ver cómo moría. Entusiasmo, ovaciones, se pone en pie
la plaza entera, se agitan los pañuelos, progresa un poco más sobre la
arena la frontera de la muerte. Cruje la tela de infinitos abanicos,
pero la de peineta permanece inmóvil. Muestra su seno pálido, apenas
disimula la sonrisa. Ante su mirada ciega, poseída de un gozo de
gusanos, se consumará la farsa. Javier Rey
de Sola |
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Última de las 12 entregas que el año pasado hicimos para esta sección, las hemos colocado TODAS con objeto de que puedan ser apreciadas en su conjunto.
Barrio bajo Oferta desde otro plano Sin título,1960 Las moscas Viejo violinista
Rosalía y la ciudad oriental Sirena Mujer con paraguas Muchachas de Cuenca
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(Engranajes y mecanismos)
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(Los
siete pecados capitales) - (Goñi
desconocido) -
(Enlaces)
CUENTOS
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"GALERÍA
DE COLECCIONES PRIVADAS"
"EL
DIABLO COJUELO" Ilustrado por Goñi