
PORTADA DE LA SERIE
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La humanidad es los siete pecados capitales y
su lucha o vencimiento o más generalmente fracaso. Sin su glosa, no habría
arte: holgarían el teatro, la novela, el pincel de los artistas... Los pecados
capitales trepan sobre el perfil del hombre, como hace la vid sobre la estaca.
¡Los pecados capitales tienen dificilísimo remedio! |
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LA SOBERBIA
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Desde que
el hombre se levantó sobre sus patas, tiende a resaltar su fatuidad
engalanándose. Las medallas, sobre todo las falsamente merecidas -algunos
aseguran que son la mayoría-, dicen las malas lenguas que se inventaron para
subrayar esta característica jocosa. Soberbia, no se olvide, es el impenitente
pecado de los otros.
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LA AVARICIA
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La avaricia
rompe el saco, confunde y aleja la verdadera perspectiva y, al final, deja a sus
esclavos igualmente pobres. Porque pobre, sin solución y sin remedio, es el
avariento. ¡Una luna de muerte gravita sobre quien se pasa la noche contando
las monedas!
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LA LUJURIA |
La lujuria
tiende a no censurarse demasiado. Doctores tiene el pueblo que así lo
dictaminan. También se debe asegurar su tangente perfil con lo ridículo, su
acusada iconografía charcutera y la necesidad, casi física, de que venga el
demonio de las consejas de la abuela a pinchar con su tridente las carnes
pecadoras. La lujuria -esto no habrá quien nos lo niegue- también es atentado
contra los puntos cardinales. |

LA IRA |
La ira
acontece de repente, muchas veces fraguada en el horno encendido, aunque sin
llama, del corazón largamente atribulado. Tiene, cuando finaliza, un algo de
perplejidad contemplando los destrozos que, en no raras ocasiones, trazan su
frontera con el crimen, en su acepción de muerte de hombres. Hay ira santa,
pero son las menos.
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LA GULA
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La gula es
atavismo de la bestia antes de que ésta recibiera la luz de la razón. También
es la vanguardia en falanges ordenadas del demonio, el enemigo tradicional del
hombre. Es vicio pobre y tiene aire de pueblo miserable, de fétida taberna, de
casa vieja y rancia. No es inclinación gallarda, y hace trabajar la maquinaria
entre vapores
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LA ENVIDIA
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La envidia
jamás tiene reposo y es alacrán que, con su picada, engorda la lengua de quien
padece semejante lacra. Es el vicio menos susceptible de contarse. Cuenta el
rumor que lo inventaron en España, donde arraigó -insisten- de por vida. La
envidia vuelve enjutas las facciones y, bajo la húmeda umbría de su manto,
cría hongos y venenosas sabandijas. ¡El envidioso llama a voces a la parca!
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