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Mujer con paraguas
–¡Los
huevos, los torreznos, la sal y la pimienta...! Ponte a hacer la comida
y que te falten ingredientes... ¡Y el pelotón de familia –hijos,
nueras, hermanos, sobrinos...– a punto de venir a devorar como el
famoso Gargantúa...! Porque inteligencia no tendrán los de mi sangre,
pero ganas de llenar la andorga jamás les ha faltado... ¡Y esta
lluvia...! ¿Por qué hace minutos apenas orvallaba y ahora cae este
diluvio...? ¡Por la sencilla razón de que tengo que salir a
avituallarme...! ¡Suerte, la mía...! Regresaré empapada y me tendré
que cambiar de arriba a abajo... Como tengo la negra, en ese momento se
presentarán todos... ¡Allá ellos si me sorprenden en pelotas...! No
me voy a arriesgar a una pulmonía... Este pueblo es un asco... Ya podría
el Consistorio arreglar el firme... ¡Pero quiá...! No sé en qué
gastan el dinero... Aunque para lo que pagamos... Si yo fuera alcaldesa,
haría lo que éstos: el grueso del erario, para mí; y las migajas, por
si hay que sustituir una bombilla, no vayamos a descrismarnos en la
plaza... Que aquí por donde paso es boca de lobo en cuanto anochece...
¡Los huevos, los torreznos, la sal y la pimienta...! ¡Haz memoria,
Leovigilda, que si después necesitaras algo más sería para prenderle
fuego a la casa y tirar por esos montes...! ¡Los huevos, los torreznos,
la sal y la pimienta...! ¿Si les trajera un postre dulce...? ¡Que se
jodan y le echen un bocado a las esquinas...! Todavía encontraré el
colmado cerrado a cal y canto... ¡Va a estar aguardando el del
mandil...! Será tonto, aunque para inclinar la balanza a su favor deja
tamaños a los de la Oficina de Pesos y Medidas de París... ¡No he
visto buitre que más sise en el peso...! El día menos pensado (que
puede ser éste, mucho ojo y no se diga que no advierto), le dejo la
cara como un mapa... ¡Tente, Leovigilda, no vayas a cometer un
disparate...! ¡Los huevos, los torreznos, la sal y la pimienta...! Creo
que todavía omito algo... ¡Peste de pueblo, de familia y de
tendero...! Me vuelven loca... Y comienzo a constiparme... Lo que digo:
me pillarán en bolas y encima pretenderán que estoy de la azotea...
Que la abuela ha perdido el juicio y hay que internarla... Y ya
tendremos armada la bronca... Me obligarán, como la otra vez, a
emprenderla a sartenazos... Ellas, mis nueras, se marcharán llorando,
principalmente (que lo voy a intentar) si las acierto... Y mis hijos,
hablando campanudos de meterme en un centro de salud... ¡No desbarres,
Leovigilda, y céntrate, que el sainete vendrá luego...! De entrada, no
olvides lo que tienes que comprar... ¡Los huevos, los torreznos, la sal
y la pimienta...! Eso es... ¡Los huevos, los torreznos, la sal y la
pimienta...! Y como haya candado la tienda el del mandil, ¡esta vez sí
que no se lo perdono...!
Javier
Rey de Sola
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