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Viejo violinista
No sé qué más tengo que hacer para ganarme cuatro duros... El día
que me localicen los del circo estaré listo... Les he robado el oso, el
tigre y el león, por no mencionar al perro, que éste vino de su
cuenta... Y porque no había más animales... Estarán locos buscándolos...
¡Pero amigo...! Mi impulso no respetó siquiera mi amistad de años con
la gente de la farándula, que me admitieron entre los suyos sin
advertir que terminaría traicionándolos... Ciertamente, les he hecho
una faena... Será milagro si no tienen que abatir la carpa, diseminándose
por los cuatro puntos cardinales... ¡Como no recurran a la mujer
barbuda...! Lo malo es que se fugó con el volatinero: una pasión de
esas que hacen época... De lo contrario también me la habría traído
conmigo, que siempre he tenido debilidad por los irracionales, y lamento
esta pincelada de desdén hacia la hembra, pero soy hombre de la vieja
escuela... Por esta calle no pasa nadie... A ver cómo reúno para la
comida de estos bichos... ¡Lo que pueden devorar...! Entro en la
carnicería y me llevó enteros los despojos... El matarife me mira con
los ojos como platos... Los animalitos –ya digo que están bien
adiestrados, no en vano son profesionales– me aguardan en un solar a
la vuelta de la esquina... Y cada noche,
al ir a dormir, la misma cantinela... ¡La zozobra de introducir los
animales de matute en la pensión...! Las dueñas tienen un oído finísimo,
así sean sordas... Menos mal que éstos están bien adiestrados... ¡Si
casi el que más ruido hace soy yo...! Estoy viejo y tropiezo... A duras
penas tengo fuerza e ilusión para seguir rascando las tripas de este
viejo violín... Me río del volatinero, aquí le quería ver yo... Él,
tan ricamente con la mujer barbuda... Pero la responsabilidad de sacar
adelante al oso, al tigre y al león, sin olvidar al can, me impide
pegar el ojo hasta la madrugada, precisamente cuando tenemos que
abandonar la habitación, también de tapadillo, no vaya a descubrirnos
la dueña... Y lo malo no sería que nos plantara de patitas en la
calle, ni siquiera que corriera la voz a otros hostales y no nos
admitieran jamás en adelante, teniendo que refugiarnos bajo un puente,
sino que una de mis mascotas se enfureciera contra ella... Ya digo que
son bien educados, más que las personas... Pero la naturaleza atávica
de las bestias puede salir a superficie en cualquier momento... El tigre
es el que más me preocupa: de los cuatro, es el más introvertido... El
oso y el león son zalameros; y el galgo, un sentimental... Pueden pecar
por exceso de cariño, y debo reconocer que a veces empalagan... ¡Pero
el tigre...! Ya veo los titulares del periódico: “Propietaria de
pensión con rulos, despedazada por tigre de Bengala. Los tricornios
eliminan a tiros a la fiera...” No podría soportar su pérdida... Ni
los demás... Somos verdadera familia, cuyo bienestar descansa sobre mis
frágiles hombros... ¿Hasta cuándo...? Creo que cometí una temeridad
al birlarlos de sus jaulas... No digo que conmigo no sean más felices,
pero también están más en precario y su futuro se presenta
incierto... Pero sigamos dándole a las cuerdas... Todavía puede pasar
un munífico que nos lance un puñado de billetes... Cosas más raras
acontecen... En este trance querría encontrarme a Paganini... ¡A ver
si le valía su pacto con el diablo...!
Javier
Rey de Sola
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